Sábado 17.02.2018. Luego de unos días de intensas lluvias, frío y nieve los pronósticos eran favorables para este sábado por lo que nos pusimos en camino para tierras portuguesas, de la freguesía de Salto y concelho de Montealegre, donde se encuentra la antigua explotación de las Minas da Borralha. Alcanzaron gran relevancia en los años 40-60 empleando gran mano de obra de todo Portugal y principalmente de la zona de Montealegre para extraer el wolframio. En 1986 se cerró la explotación. Iniciamos la ruta en la aldea de Caniço con un día de sol, limpio de nubes y extraordinaria claridad lo que nos permite contemplar , allá en la lontananza, la majestuosidad de la cadena montañosa del Gêres y sus elevados picos. Enseguida cogemos un antiguo camino de servicio entre las aldeas de Caniço y Paredes que nos va situar en este último luego de ir saltando de piedra en piedra para ir salvando el agua del camino y rematar con una ascensión corta pero intensa. Iba ser el agua otro de los elementos destacados de la jornada, presente en casi todas las”corredoiras”, lo que nos pudo dar una idea de lo abundantes que habían sido las lluvias, incluso la nieve, durante las últimas fechas. Es Paredes una aldea prácticamente deshabitada en la cual se pueden observar grandes casonas de granito, cruceiro y los restos de hórreos que nos hacen pensar que en tiempos pasados debió tener gran importancia. La dejamos por un camino amplio y empedrado que nos lleva hacia el arroyo para luego ir ascendiendo , siempre con los picos del Gères a nuestra espalda, hasta alcanzar una llanura y una amplia pista que nos lleva hacia la Serra da Cabreira. Una cadena montañosa bastante antigua, de granito y no muy alta, con unos valles extensos y aguas cristalinas que dan un ambiente más espectacular a este entorno. En su parte más alta nos encontramos que aquí tampoco se han librado de los devastadores incendios que durante la época estival asolaron al país vecino. Alcanzamos la ermita de Santa Justa donde se encuentra un merendero y a escasos metros, en la parte más alta de la ruta, un cruceiro. Es este punto un mirador extraordinario de toda la sierra y todas las aldeas que en ella se encuentran. Un pequeño descanso antes de emprender la marcha hacía una amplia pista que nos va llevar por todo el valle de montaña donde podemos ver varias explotaciones ganaderas de vacas de raza Barrosa, espectaculares por su cornamenta, y muy apreciadas por su carne. Es sin duda esta zona una gran productora de carne pues en las aldeas también se puede ver gran número de explotaciones. En el descenso del cruceiro uno de los varios aterrizajes que al parecer hubo durante la jornada. Lo viví en primera persona. El suelo mojado y la ceniza de los incendios se unieron para hacerme rodar para gran susto de los colegas . Creo que más que nada pensando que se iban quedar sin guía y había que volver para casa. Por suerte un par de vueltas por la ladera, unas risas, y de nuevo en marcha. Luego de varios kilómetros por la pista la dejamos por el margen derecho para descender hacía el arroyo y luego girar a la izquierda y volver ascender para tomar una senda paralela al mismo, con la aldea de Campos y el Gêres delante de nuestros ojos, que va descendiendo hacia Ponte Quebrada. Antes de tomar la senda y al encontrar un rincón idílico, con bancos y mesas incluidos, y aunque era privado la tentación nos superó y optamos por obviar las barreras y dar cuenta del bocata en tan plácido lugar. Dejamos la Ponte Quebrada por un camino empedrado que nos iba llevar a Campos, perteneciente al distrito de Vieira do Minho. Pasa el camino al lado de una pastelería y Susi que se encontraba “ generosa “ y con” ganas de pagar con sus compis las deudas de su cumple” decide obsequiarnos con un estimulante café portugués. Hecho que se repetiría al final de la jornada ya que no había agotado el presupuesto ante los bajos precios del interior en nuestro querido Portugal. Atravesamos la aldea para dejarla por su parte más alta, junto al cementerio, para por un amplio camino entre robles alcanza la aldea próxima de Lamalonga en cuya plaza podemos ver un horno restaurado con el tejado de enormes planchas de piedra. Tomamos un sendero que nos lleva hasta un amplio parque de robles y la aldea de Linharelos. Antes de alcanzar las primeras casas giramos a la izquierda para acercarnos a una zona de rocas desde donde tenemos unas vistas bellísimas de la Albufeira de Venda Nova. Seguimos el camino que nos sube a Linharelos para nada más alcanzar la carretera tomar el camino que sale a la izquierda y nos va llevar hacia una granja. Antes hacemos una parada para unas fotos hacia la cordillera del Gêres que en este punto se puede apreciar en toda su grandeza. Ya tenemos delante de nosotros la aldea de Borralha y a la derecha la zona de las antiguas minas a donde bajamos por trochas del ganado ya que el camino está perdido. Seguimos el cauce del río y las viejas instalaciones, así como la zona restaurada donde se encontraban las antiguas casas de los ingenieros, los comedores y zonas administrativas para terminar la andaina con una rampa de cerca de 1 km. Que nos sitúa en el punto de partida en la aldea de Caniço. Ya de regreso hacemos un alto en el camino en Montealegre para poder dar cuenta del presupuesto de Susi, comentar las anécdotas de la jornada, los planes de futuro y como no hacer acopio de pan de maíz y folar. Es este último un pan típico de cuaresma en la cocina portuguesa que se encuentra relleno de chorizo y bacon. Longitud: 20 kms Duración: 6 horas y media Dificultad: baja