Sábado 21.04.2018 En el día de hoy, y prácticamente bajo mínimos, ponemos rumbo a un lugar increíble, de una belleza extraordinaria, como es la aldea lusa de Sistelo enclavada en el llamado pequeño Tibet portugués, escondida del mundo, refugiada en el valle, en las faldas de la Serra da Peneda, regada por el impetuoso río Vez y con verdes socalcos que trepan por las laderas de la montaña, en el municipio de Arcos de Valdevez . Un lugar sin duda único que hace que la afluencia de turistas y senderistas sea notable como pudimos comprobar durante esta jornada. Iniciamos la ruta en Sistelo paralelos al margen izquierdo del Vez por viejos caminos que llevan a las fincas de cultivo hasta alcanzar la N-304 la cual cruzamos para ir ascendiendo lentamente por un empinado camino empedrado que lleva a la aldea de Padrao. A medida que ganamos altura la panorámica es más espectacular del valle del Vez y todo el entramado de socalcos que lo envuelven. Los vecinos de Padrao andan en plena labor de abonado de las terrazas de cultivo con sus viejos carros tirados por potentes yuntas de vacas de raza Barrosa, muy características por su espectacular cornamenta, y algún que otro pequeño tractorcillo que apenas coge entre las piedras de granito que forman los muros del estrecho camino. Nos sigue llamando la atención la vestimenta totalmente de negro de las mujeres tanto jóvenes como ya entradas en edad, así como su total compromiso con las labores agrícolas incluso las más duras cargando y descargando el abono en los carros. Dejamos esta bonita aldea y sus casas de piedra para descender por un camino bajo las parras en las que empiezan a asomar las primera hojas, para luego de pasar una pequeña cascada llegar a la capilla de San Antón donde el camino se bifurca. Hacia la derecha asciende hacia la aldea de Porta Cova, es el que tomamos en la anterior ocasión cuando fuimos hacia el Glaciar del Alto Vez, y de frente que desciende hacia el Vez, es el que tomamos en esta ocasión. Llegamos al viejo puente piedra en el que es preceptiva una parada para deleitarse con la “fervenza” , y recuperar con una pieza de fruta del desgaste de la dura subida, que por otra parte llevamos con total tranquilidad debido a las múltiples paradas para dejar constancia fotográfica de la belleza del entorno y con múltiples poses siguiendo las indicaciones de las expertas fotógrafas. A partir de aquí el camino suaviza y discurre paralelo al margen derecho del río que baja bravo formando numerosos saltos que amenizan nuestro avance. Así alcanzamos la aldea de Paço en la otra falda de la montaña y en pocos minutos Portela de Alvite en la N-304 donde termina este viaje por el Pequeño Tibet y damos comienzo a la segunda parte de lo previsto para esta jornada, el Caminho dos Mortos. El nombre de la ruta deriva de su utilización como única alternativa para transportar los cuerpos de los difuntos, previa a la construcción de las carreteras, desde las poblaciones más aisladas en la montaña hasta la iglesia parroquial. La penosa travesía realizada en carros de bueyes determinaba una larga duración en estos funerales. Comenzamos por un camino de servicio que va subiendo hacia un bosque de coníferas y desembocar en una amplia pista desde donde a la izquierda sale la senda que lleva a la Mámoa do Cotinho, un enclave funerario de hace 4 o cinco mil años, para posteriormente descender bruscamente de nuevo a la pista. Debido a la dureza y kilometraje de la ruta prevista, y por total consenso, obviamos este tramo y seguimos la pista que nos lleva por la Sierra de Anta donde se pueden ver algunos caballos y vacas pastando en las verdes hierbas que van brotando en estos entornos totalmente calcinados por los incendios del último año que conforma un paisaje desolador. En un pequeño oasis en A Châ dos Fiais decidimos dar cuenta del bocata y darnos una tregua que Oliva e Isa aprovechan para hacerle una visita a Morfeo. Reemprendemos el camino mucho más alegres luego de degustar las hierbas de Susi y las galletas de Manuela , para descender hacia la aldea de Cernadas. Llegados a este punto comienzan a caer unas gotas. El día está caluroso y la tormenta lleva un tiempo amenazante por lo que nos tememos lo peor, que nos vamos terminar mojando. Por suerte se levanta un fuerte aire que la termina disipando y podemos rematar sin mayores sobresaltos. Atravesamos una profunda garganta para alcanzar el Santuario de O Nosso Senhor dos Passos donde en su parque de merendas nos damos una tregua y reponemos las vacías cantimploras de líquido elemento antes de emprender este último tramo del Caminho dos Mortos que nos va llevar por un bellísimo camino estrecho y profundo rodeado de muros de cachote que el tiempo ha ido cubriendo de musgo hasta la aldea de Arado, siguiendo el curso ascendente del río Sucastre. Era por este camino por donde bajaban los difuntos de las aldeas de la ladera de la Sierra de Anta ( Arado, Bouças, Estricta, Cernadas…….) hacia la iglesia parroquial de Merufe. El caminar por momentos se hace lento por existencia de abundante agua en el camino sobretodo en tramos de piedra donde es muy factible un resbalón, y por suerte estamos subiendo, el bajar sería peligrosísimo. Alcanzada Portela de Alvite cerramos el bucle y nos quedan apenas 2 kilómetros de descenso con un primer momento por camino empedrado y peligroso por el agua donde nuestra buena amiga Manuela sentó el trasero pero se levantó tan rápido que casi nos pasa desapercibido. Ya vemos el final en Sistelo al que llegamos por la zona de la iglesia luego de atravesar la zona del camping y subir los 135 escalones que la separan del río. Un último esfuerzo al que las chicas han respondido con total “ entereza y profesionalidad” . Y yo pensando que me iban dar con el bastón, porque a todo esto nos había contado que el grupo lo formábamos 6 chicas y el que escribe. Sin lugar a dudas un placer caminar con ellas demostrando a lo largo de toda la ruta que están en forma y sobretodo que en los momentos duros saben sufrir y reponerse. Luego para reponer líquidos y recordar los momentos tan intensamente vividos de esta jornada dura de senderismo pero extraordinariamente bella por su entorno, una birra en Salvaterra de Miño y todos felices para casa a ver ganar el Barça la final de copa, con lo cual alguna no pudo bailar sevillanas, mejor así que igual le hubiese dado el tirón jajajajaja… Longitud: 22,5 kms Duración: 8h 15´ Dificultad: media-alta